La buena situación económica en España y la favorable evolución del mercado laboral, en el que se están generando actividades de alto valor añadido, de manera que el mayor crecimiento del empleo se está produciendo en estos sectores, supone un importante cambio del modelo productivo del que veníamos y requiere la adaptación de empresas y la formación de las personas trabajadoras.

Sin duda los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, están dando sus frutos, junto a las políticas laborales y de empleo puestas en marcha en las dos pasadas legislaturas.

La cultura de la estabilidad laboral impulsada por la Reforma Laboral que ha conseguido que el 87% de los trabajadores tenga un contrato indefinido en España, corrigiendo de manera decidida una de las más importantes anomalías de nuestro mercado laboral, es tambalean una oportunidad para la formación en la empresa.

Continuar esta senda profundizando en retos como la necesaria mejora de los salarios, la reducción del tiempo de trabajo, la implantación definitiva de una cultura de la salud laboral  incluyendo la prevención de los nuevos riesgos laborales derivados de las nuevas formas de trabajo, continuar la mejora de la protección social, debe incluir como prioridad la formación de las personas trabajadoras como elemento central para un cambio de modelo productivo justo y sostenible.